Las “Buenas Palabras” construyen un viaje íntimo donde Arturo Puig convierte recuerdos, cartas y silencios en un relato que emociona y envuelve.
En escena, el querido actor aparece casi sin escenografía. Apenas unos sillones y unas hojas impresas. No necesita más. Desde esa austeridad nace el verdadero dispositivo: la palabra. La voz. La pausa. El gesto mínimo que transforma el aire en memoria viva.
“Buenas Palabras” comienza con cartas de amor. Algunas hablan de sentimientos tardíos. Otras, de pasiones que nunca encontraron respuesta. Incluso, hay voces que llegan del más allá. También aparece aquella escrita sin saber que lo era. Puig no interpreta personajes. Interpreta emociones. Las deja flotar y permite que cada espectador encuentre su propio reflejo.
El recorrido continúa con la célebre carta de Ludwig van Beethoven a su amada desconocida, conservada en Berlín. Ese misterio funciona como una llave. No importa la identidad de la destinataria. Importa el acto de escribir. El acto de sentir. La obra entiende que las palabras no pertenecen a quien las recibe, sino a quien las necesita decir.
Puig se desplaza luego hacia la amistad, la vida y el teatro. Cada tema aparece sin rigidez. No hay una estructura visible. Hay una deriva emocional. Una conversación íntima con el público. En ese trayecto, comparte recuerdos de su llegada a Nueva York en los años setenta, cuando la ciudad era tan fascinante como peligrosa. El relato se vuelve físico. Cambia la voz. Cambia el ritmo. El actor reconstruye atmósferas con precisión artesanal.
Cuando la palabra se vuelve experiencia
El protagonista también dedica palabras al séptimo arte, ese territorio donde la emoción encuentra otra forma de respiración. Recupera allí el monólogo de una gran película clásica, un texto emblemático que resuena con una vigencia inesperada. La elección no es casual. El artista no busca impactar desde el golpe, sino desde la profundidad. La música acompaña con precisión y amplifica cada palabra sin imponerse. La emoción aparece de forma silenciosa, pero contundente.
El espectáculo es breve. Pero esa brevedad es parte de su potencia. No agota. Deja espacio. Genera el deseo de volver. Porque “Buenas Palabras” no es una obra que se consuma. Es una obra que permanece.
“Buenas Palabras” confirma que, en el teatro, el recurso más poderoso sigue siendo el más simple: un actor y su voz.
Funciones
El espectáculo podrá verse de miércoles a domingos a las 19:30 horas, hasta el primero de marzo. Las entradas podrán conseguirse en las boleterías del recinto ubicado sobre la Avenida Corrientes 1530 o bien en el sitio oficial del CTBA, haciendo Click Aquí.
Sol Lópes
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