Black Label Society en Groove: potencia y final sin bis

La espera no era menor. Desde su última visita en 2019, la vuelta de Black Label Society a Buenos Aires cargaba con una ansiedad densa, de esas que se mastican en la previa. El lunes 27 en Groove, con entradas agotadas (al igual que el concierto un día después en el Teatro Flores) y un público mayoritariamente 30+, la escena estaba lista para una ceremonia más que para un simple recital.

El primer pulso lo dio Fisión Nuclear, que lejos de cumplir un rol decorativo, salió a escena con precisión y actitud. Sonido firme, conexión con el público y una respuesta inmediata que terminó de encender el ambiente. No fue teloneo: fue prólogo.

Después, el telón negro con el logo de la banda cayó como una promesa cumplida tras la intro, y desde “Funeral Bell” el show se movió sin pausas, casi sin respiración. Zakk Wylde se mostró sobrio, concentrado, más chamán del riff que frontman discursivo. Hubo arengas, sí, pero el idioma principal fue la música: un tema detrás de otro, sin rodeos.

El despliegue instrumental fue, directamente, hipnótico. Wylde y el otro guitarrista del grupo, Dario Lorina, protagonizaron un desfile constante de guitarras, casi una por canción, en una especie de museo en movimiento. En sus manos, los instrumentos parecían encogerse, como si la escala humana no alcanzara a contener ese nivel de virtuosismo. Cada solo, cada armónico, cada vibrato llevó la firma inconfundible de Wylde, que encontró en el sonido de la sala un aliado: potente pero nítido, permitiendo disfrutar cada matiz sin caer en la saturación.

Mención especial para la base rítmica del grupo, integrada por el bajista John DeServio y el baterista Jeff Fabb, que no solo acompañaron sino que también desplegaron técnica y potencia. En una banda donde las guitarras suelen acaparar la escena, lograron hacerse notar con creces.

Aunque la excusa era presentar “Engines of Demolition”, el setlist eligió otro camino: apenas dos temas nuevos y una fuerte ancla en el pasado. Pero lejos de ser una deuda, eso definió el espíritu de la noche. Lo que se vivió fue una atmósfera profundamente ligada a Ozzy Osbourne, presente desde la previa con riffs de Black Sabbath y reforzada en escena con “No More Tears”, los guiños constantes y los gestos de Wylde mirando al cielo.

Ese clima encontró otro carril emocional con “In This River”, con Zakk en el piano y dedicada a Dimebag Darrell y Vinnie Paul, los hermanos Abbot de Pantera. Allí el show se corrió del eje Osbourne para meterse de lleno en la memoria del metal más crudo, con un momento de recogimiento que equilibró la potencia con una carga afectiva muy marcada.

El tramo final tuvo uno de sus momentos más celebrados en el instrumental, que derivó en un duelo de guitarras entre Wylde y Lorina, tocando de espaldas sobre las tarimas, como si el virtuosismo ya no necesitara ni siquiera del gesto frontal. Fue épico, excesivo y perfectamente alineado con la estética de la banda.

Sin embargo, cuando “Stillborn” bajó el telón musical, quedó una sensación flotando en el aire. No hubo bis, no hubo regreso. Los técnicos subieron de inmediato y comenzaron a desarmar el escenario, cortando en seco una expectativa colectiva que pedía, al menos, un golpe más. Con 13 temas y un jam extendido, el show dejó la impresión de haber sido intenso pero breve.

Un ritual preciso que se interrumpe antes del final

Lo de Black Label Society fue sólido, ejecutado con una precisión casi quirúrgica y sostenido por un nivel musical incuestionable. Pero también fue un ritual que, justo cuando parecía entrar en su fase final, eligió apagarse sin epílogo.

Una noche potente, cargada de identidad y respeto por su propia historia, que dejó al público con la sensación de haber estado muy cerca de algo todavía más grande.

Setlist completo: «Whole Lotta Sabbath» (intro), «Funeral Bell», «Name in Blood», «Destroy & Conquer», «A Love Unreal», «Heart of Darkness», «No More Tears», «In This River», «The Blessed Hellride», «Set You Free», «Fire It Up», «Suicide Messiah», «Ozzy’s Song», «Instrumental Jam» y «Stillborn».

Agradecimiento fotos: Julian Sabra (@juliansabra.ph)

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