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El día en que Carlitos Balá se convirtió en leyenda

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Carlitos Balá ya era una leyenda. Quizá muchos necesiten el paso a la inmortalidad para serlo, pero él simplemente revalidó un título que supo conseguir a base de trabajo, talento, humildad y, sobre todo, por la devoción que tuvo hacía un público que a veces parece ser olvidado: los más chicos.

Justamente, esos más chicos un día crecieron y contaron –una y mil veces- anécdotas de una infancia que lo tuvo a él como protagonista. Como compañero de meriendas, como ladrón de sonrisas luego de la escuela o como fiel cuidador de algo tan importante e invaluable para un chico como lo era su chupete o biberón.

Carlitos nunca estuvo atrás de los flashes, del reconocimiento o las marquesinas. Él siempre fue el mismo que algún día se animó a subir a la Línea 39 para contar un chiste sin pedir nada a cambio, o para llamar por teléfono a los cientos de fanáticos que le dejaban su número y él los llamaba para saludarlos por su cumpleaños.

Le creímos, le creemos y le creeremos siempre. Sin importar la edad. Angueto siempre será ese perro que nos mira y nos mueve la cola, sin quedarse quieto. Carlitos, podés volar alto que nosotros lo vamos a cuidar y cantaremos junto a él tu canción.

Sin importar la década, él siempre estuvo ahí y sacó sonrisas. No solo de chicos, fue parte de la familia, de lo cotidiano. ¿Quién no llamó “carrindanga” a su viejo y querido auto que a modo caprichoso no quiso andar un día? ¿O quién acaso no dudó del gusto que realmente tenía la sal hasta que Carlitos lo confirmaba?

¿Por qué es leyenda? Porque hoy, el día que nunca pensábamos que iba a llegar finalmente llegó y él, lejos de las lágrimas lo hizo de nuevo: nos propuso un viaje a la infancia y volvió a sacarnos una sonrisa. Una sonrisa eterna que nos acompañará siempre al momento de recordarlo. Vuela alto Carlitos y gracias por todo.

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