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Horacio Peña: “Pequeñas infidelidades es una obra para reflexionar”

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Pequeñas infidelidades es la nueva obra de Mario Diament, protagonizada por Marcela Ferradás y Horacio Peña, que refleja situaciones comunes, vividas en el día a día de las parejas. Es la historia de dos personas que, tras cumplirse 20 años de su divorcio, se cruzan las caras por casualidad y empiezan a conversar, sin saber que esa charla se irá convirtiendo en una indagación respecto a su fracasada relación.

La obra, que ha sido muy bien recibida por el público, cuenta con la dirección de Manuel González Gil y puede verse en El Tinglado (Mario Bravo 948), en sus dos funciones de los sábados, a las 20 y 22 horas.

“Desde el comienzo de la obra el balance ha sido muy bueno”, le dice a La Vereda Horacio Peña, quien detalla: “estamos llenando con muy buenos resultados y buenas devoluciones de la gente”.

Según el actor, este espectáculo brinda la posibilidad de plantearse situaciones cotidianas y reflexionar. “Creo que uno de los méritos que puede tener el teatro es provocar preguntas. Me parece que es lo mejor que puede pasar cuando uno va a un espectáculo. La gente lo devuelve ya que el tema da para charlar durante la cena, con las inquietudes que se quedan; así que eso es bueno para nosotros. Pequeñas infidelidades es una obra para reflexionar”.

Peña sostiene que “con Marcela la pasamos bien en el escenario. Hemos trabajado maravillosamente bien, tanto con Manuel González Gil como con nuestro productor. Se dio todo muy redondo como para que todo sea muy placentero, como debe ser este oficio”.

¿Cuál es el eje principal de la obra?

Creo que el tema de esta obra es universal porque, quien más, quien menos, todos hemos estado en alguno de los lugares en los que ha estado esta pareja. Así que, por momentos inquieta, por momentos divierte y por momentos angustia.

Me parece que si uno se ve reflejado en obras que fueron escritas hace 500 años, como cualquier texto de Shakespeare, que en algún lado te toca porque te lleva a cosas personales, cómo no te vas a ver relejado en una obra contemporánea que además habla de la pareja como tema más universal.

¿Qué ha sido lo que más te sedujo a la hora de elegir el papel?

Lo que más me sedujo de la obra fue la posibilidad de trabajar con Marcela, de hacer una cosa los dos solos. Venimos de hacer La muerte y la doncella, obra en la que éramos tres. Además, el hecho de hablar de conflictos de pareja.

También la obra, el autor, que es muy consagrado…se dieron un conjunto de cosas. Nos vino a ver aquí el productor, para terminar de convencernos que la hiciéramos. Digo, uno no se decide por una sola cosa cuando elegís algo para hacer. Hay un racimo de cosas que dan vueltas de las cuales no sos conciente en el momento que tomás la elección, pero después van cayendo las fichas.

¿La experiencia hace que se le agreguen cosas al texto?

Nosotros trabajamos con Manuel y corregimos bastantes cosas. Sacamos y pusimos algunas, todas situaciones que nos pasaban a nosotros. No es que metimos mano en la elaboración de la obra, porque sería una falta de respeto para Mario. Corregimos algunas palabras, algunos giros. De todas maneras, el teatro te da la posibilidad de mantener en secreto qué cosas, en este caso, pertenecen a mí o a Marcela.

¿Cómo ha sido el trabajo con Manuel?

Ha sido un descubrimiento, porque nunca había tenido la posibilidad de trabajar con él. Sí conocí muchos de sus espectáculos que los he visto y, por supuesto, lo conocía de vernos, más allá de no haber tenido relación previa.

Fue un descubrimiento muy placentero. Manuel es uno de esos directores que, como decía Norma Aleandro, “uno actuando tiene que llegar con los deberes hechos”, y eso va tanto para el director como para los actores. Manuel es uno de los que hace los deberes, y lo digo con admiración. Viene con el trabajo pensado, no viene a ver qué pasa. Viene con el trabajo pensado y te comunica sus ideas. Permite que vos hables de tus ideas, porque es permeable a las modificaciones. Escucha y mira muy bien, tanto la escena como la obra y eso es precioso par un actor, porque es como sentir una red de contención. Tanto para Marcela como para mi fue una experiencia muy placentera.

Tras años de trayectoria, ¿hay un cosquilleo previo a subir al escenario?

Particularmente no me pasó ni siquiera cuando debuté, hace ya más de 40 años. Nunca tuve nervios antes de la función. Creo que el único lugar seguro es en el escenario. Hay más peligro en la calle que en un escenario.

Nunca tuve ese cosquilleo ni me puse nervioso durante una función o un estreno. Al contrario, tengo la ansiedad de demostrar. Tengo ganas de probar frente al público que, en definitiva, es el último en recibir lo que hicimos durante los ensayos.

Tuve compañeros que padecían mucho un estreno, y cuando digo estos es que se angustiaban verdaderamente.

Con esto no quiero decir que sea mejor o peor. Sucede que todos los días pasan cosas distintas, hay ojos distintos, hay una respiración distinta en el teatro y uno también está distinto. O sea, todos los días son diferentes.

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