“La noche del espantapájaros”, un slasher en clave retro

La versión extendida de “La noche del espantapájaros” apuesta al cine slasher clásico, con guiños ochentosos y espíritu de culto.

“La noche del espantapájaros” es una producción estadounidense dirigida y escrita por Jeremy Rudd, realizador reconocido dentro del circuito independiente del terror. La película corresponde a la versión ampliada de “Die’ced” (2022), un microproyecto de bajo presupuesto que comenzó a circular con fuerza en la escena gore underground y que, tras su recepción positiva, derivó en “Die’ced: Reloaded” (que aquí curiosamente recibió el nombre de “La noche del espantapájaros”) con alrededor de 30 minutos adicionales, escenas inéditas y mejoras técnicas, entre ellas un sonido remasterizado gracias a la colaboración con Epic Pictures Group.

Producida por Ave One Entertainment y distribuida en Argentina por Terrorífico Films, la película tiene una duración de 91 minutos, está calificada para mayores de 16 años y se inscribe de lleno en el cine slasher, retomando códigos clásicos del género. Rudd citó como influencias directas a títulos emblemáticos como “Halloween”, “Child’s Play” y “Jeepers Creepers”, referencias que dialogan con una estética deliberadamente retro y una construcción visual orientada al impacto gráfico.

La presentación del film en el Festival Buenos Aires Rojo Sangre tuvo una recepción entusiasta, especialmente en una función de trasnoche marcada por la participación activa del público, con risas, gritos y aplausos. Ese recorrido contribuyó a su consolidación dentro del circuito argentino especializado en cine de género y reforzó su perfil como propuesta de culto.

Un homenaje que no logra despegar del todo

En su versión extendida, “La noche del espantapájaros” reafirma su apuesta por el slasher tradicional, una decisión coherente con su origen, aunque no exenta de limitaciones. Uno de los puntos más flojos aparece en el elenco (integrado por Eden Campbell y Jason Brooks en los roles principales), que por momentos se percibe falto de carisma, dificultando la empatía con los personajes y restando fuerza a situaciones que dependen más de la actuación que del impacto visual.

El personaje de Benny, surgido del cortometraje original, funciona como eje conceptual del proyecto, pensado para potenciar una iconografía simple y perturbadora, típica del cine slasher clásico.

Si bien la expansión del proyecto permitió mejoras visibles en los efectos prácticos, estos no siempre sostienen la ilusión. Para el espectador más atento, ciertos recursos como el uso de maniquíes o el tratamiento del color de la sangre artificial evidencian el artificio y rompen parcialmente la atmósfera que la película busca construir.

El guion, por su parte, se mantiene dentro de una fórmula conocida y ampliamente explorada durante las décadas de 1980 y 1990. La película intenta dialogar con propuestas contemporáneas como “Terrifier”, buscando ese equilibrio entre exceso, violencia explícita y espíritu de culto, pero el resultado queda a mitad de camino y no termina de ofrecer una identidad propia dentro del cine slasher actual.

En ese marco, “La noche del espantapájaros” aparece como una propuesta especialmente dirigida a los ultrafanáticos del género, aquellos que siguen de cerca cada nueva producción del terror independiente. Para el público general, en cambio, funciona mejor como una experiencia compartida, ideal para ver con amigos en una plataforma y disfrutarla desde un registro más distendido. Un slasher consciente de sus referencias, aunque sin la potencia suficiente para trascenderlas dentro del cine slasher contemporáneo.

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