“Los días perfectos”: la soledad amplificada en escena

Sbaraglia-Veronese: Protagonista y director, juntos sobre el escenario

“Los días perfectos” no es solo un unipersonal: es un cuarto de hotel convertido en cámara de resonancia emocional. En esa habitación aislada, dirigida con pulso fino por Daniel Veronese, el escenario se vuelve territorio de confidencias, reproches silenciosos y recuerdos que laten como cartas nunca enviadas.

El centro absoluto del acontecimiento es Leonardo Sbaraglia. Su actuación no se limita a “interpretar”: sostiene la obra con una presencia magnética, capaz de atravesar incluso los ruidos de la sala. En los momentos en que algunos espectadores “olvidan” apagar sus celulares, lejos de quebrarse, su energía se tensa y continúa, como si esa interrupción formara parte de la intemperie que habita el personaje.

La obra avanza por climas más que por acciones lineales. Desde ese hotel donde habla a su esposa ausente, Sbaraglia compone una soledad que no grita: se sedimenta. Las palabras se vuelven respiración, y la respiración, pensamiento. En ese tejido aparecen, como eco literario, las cartas de Faulkner, filtradas en el tono, la cadencia y la desesperación contenida de quien ama y no sabe cómo sostener ese amor.

Hay una melancolía espesa que recorre todo el espectáculo, pero no es decorativa. Es un motor dramático que impulsa al espectador a preguntarse algo incómodo: en una relación quebrada, ¿qué duele más, la pena o la nada? ¿El vínculo herido o el vacío absoluto?

La puesta de Veronese apuesta al minimalismo y a la escucha. Cada objeto en escena parece cargado de memoria; cada silencio, de reproche. No hay grandilocuencia, sino precisión emocional, como si el teatro respirara al ritmo del protagonista.

Además, la presencia en el país del escritor español Jacobo Bergareche en la función agrega otra capa de sentido: el texto vuelve a su autor transformado en cuerpo, voz y vulnerabilidad. Lo que nació como literatura se vuelve carne palpitante, temblor y confesión.

“Los días perfectos” deja al público inquieto, pensativo, con preguntas que persisten más allá del aplauso. No ofrece certezas, sino un espejo emocional donde mirarse sin anestesia.

Funciones: Hasta el domingo 1 de febrero, de miércoles a domingo a las 21 horas, en el Teatro Nacional Cervantes.

Entradas: Platea y palcos 35.000 pesos; Platea balcón 30.000; Tertulia 20.000, con descuentos para jubilados y estudiantes, a través de Alternativa Teatral y boletería del TNC.

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