El film de terror “El susurro”, coproducción argentino‑uruguaya dirigida por Gustavo Hernández Ibáñez y con amplia repercusión en festivales, tendrá estreno comercial el 22 de enero.
En diálogo con La Vereda Radio, Luciano Cáceres, uno de sus protagonistas, repasó los motivos que hacen a esta película un hito del género y cómo vivió su participación, antes de que el público pueda verla en salas.
Para Cáceres, “El susurro” es, sencillamente, “un peliculón”. Lo dice sin exagerar y con un entusiasmo que nace de su vínculo con la historia, más allá de no ser el protagonista central. La película cuenta con las actuaciones de Ana Clara Guanco y Marcelo Michinaux, y desde la lectura del guion logró conmoverlo por su manera de unir distintos subgéneros del terror con un nivel técnico alto y un anclaje emocional profundo. Según su mirada, el eje no es solo el horror, sino los vínculos: la hermandad de los protagonistas, el mandato familiar y el legado de un padre que él mismo encarna, con un rol de peso dentro del relato.
Cáceres destacó que la película ofrece todo lo que se espera de un buen film de terror: “tiene el suspenso, tiene la sangre, tiene lo fantástico y los momentos de susto”, pero también una base afectiva que sostiene la narración. Resaltó especialmente el trabajo del niño y de la joven actriz uruguaya, quienes, dijo, “la rompen toda” al llevar adelante la trama. A su juicio, esa combinación de atmósfera intensa con un hilo emocional verdadero permite que el espectador se entregue a la película, se asuste y, al mismo tiempo, se conmueva. Es una propuesta que, subrayó, implica un riesgo desde la producción y la dirección, pero que apunta a una calidad altísima y a un fuerte impacto en salas.
Un recorrido internacional que respalda la expectativa
El recorrido de “El susurro” por el circuito internacional avala esa expectativa. En Buenos Aires Rojo Sangre, el festival de cine fantástico y de terror más destacado de la región, la película obtuvo los principales reconocimientos de la Competencia Internacional: Mejor Largometraje y Mejor Director. Además, en el Mórbido Film Fest de México, otro certamen central para el género en América Latina, recibió el premio a Mejor Largometraje Latinoamericano. Su paso por Sitges también confirmó su nivel y su llegada al público internacional. Cáceres subrayó que “todo esto es motivo de orgullo” y alimenta las expectativas de cara al estreno de enero.
La charla también se adentró en la experiencia de rodaje, que el actor describió como “intensa y llena de contrastes”. Confesó que “entrar a filmar cuando la producción ya estaba en marcha fue espectacular, gracias a un equipo muy unido, con mucha complicidad y alegría”, aun cuando se enfrentaban a escenarios inhóspitos, suciedad, sangre, gritos y un trabajo físico desgastante, típico del género. Destacó la fortaleza de sus compañeros de set: “a Marcelo ya lo había visto laburar, pero compartir el set con él fue precioso, un chico que la verdad tiene un talento enorme”, y señaló también la sólida técnica de Ana, debutante en cine y proveniente de la danza, cuyo trabajo físico consideró “muy potente” dentro de la película. Para Cáceres, esa mezcla de sufrimiento en el rodaje y diversión compartida forma parte del oficio y encuentra su justificación en el resultado final.
Sobre la influencia del cine previo, reconoció que “El susurro” se nutre de la historia del género. Al referirse a posibles ecos de clásicos o películas emblemáticas, expresó que “el cine se alimenta del cine”. Para él, el desafío estuvo en construir a su personaje desde lo humano, dentro de su naturaleza y del contexto de los vínculos familiares. La experiencia de ver la película en sala, contó, fue muy satisfactoria: “me encantó la concentración del público en la película”, y recordó incluso a personas sobresaltadas durante la función, una señal clara de la potencia del film para generar tensión y sorpresa.
El terror no es algo nuevo en la trayectoria de Cáceres. A lo largo de los años participó en producciones muy bizarras y en festivales iniciales, pasó por títulos como “El desarmadero” y “Punto Muerto”, y sumó múltiples experiencias dentro del género. “Muchas películas, desde hace muchos años”, dijo, y agregó que es un tipo de cine que le gusta y que consume desde siempre. Incluso lo mencionó como un plan compartido con su hija adolescente, revalorizando al terror como una opción cultural distinta, capaz de convocar a un público creciente que busca experiencias fuertes y diferentes en la sala.
Consultado sobre si el género es divertido de filmar, respondió con honestidad: “no sé si lo es, porque son siempre muy ásperas y muy oscuras”. Sin embargo, remarcó que al ver el resultado final, “valió la pena todo ese sufrimiento en rodaje”. Ese tono de gratitud y orgullo también apareció cuando se le pidió un balance del año. Aunque evitó una evaluación formal, aseguró estar “muy agradecido” por el acompañamiento del público, por haber podido realizar películas en un contexto complejo para lo audiovisual y por la posibilidad de seguir mostrando su trabajo.
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